Instalamos portones corredizos de gran porte, barreras vehiculares y herrajes metálicos pensados para turnos continuos. Motores de alto tránsito, aperturas rápidas y mantenimiento que se planifica antes de que el acceso se detenga.
Si recién estás evaluando el proyecto, conviene revisar qué datos relevar antes de la primera consulta y, más adelante, cómo elegir el formato de servicio según el flujo de camiones.
Cada acceso pesado arranca con una visita al predio. Medimos el vano, revisamos el tipo de tráfico y recién ahí definimos motor, riel y herrajes. Sin ese paso, cualquier presupuesto queda a ciegas.
Un técnico mide el ancho libre, la altura de la hoja y el estado del contrapiso. También anota si el ingreso es para camiones con acoplado, utilitarios o flota mixta, porque eso cambia el motor y la velocidad de apertura.
Con los datos en mano se elige entre portón corredizo de alto tránsito o pluma vehicular. Se define el tipo de accionamiento, el lazo inductivo, las fotocélulas y la señalización lumínica que va en cada carril.
Las hojas y los herrajes se arman en taller según la medida real del vano. El montaje en obra incluye anclaje de rieles, alineación de rodamientos y conexión eléctrica del tablero de control.
Se calibran los tiempos de apertura y cierre, se prueban los sensores de seguridad y se deja el sistema operando con el tráfico real del parque. Ahí se corrigen detalles de frenado y embrague.
Rieles, rodamientos y cremallera se revisan de forma periódica según la intensidad de uso. Un acceso con cientos de ciclos diarios necesita ajustes antes de que aparezcan saltos o paradas.
Si querés ver cómo quedó esto en un parque logístico real, hay casos documentados con medidas y ciclos de apertura.